lunes, 3 de noviembre de 2025

Abyssport

 “Algunas puertas nunca deben ser abiertas… pero eso no significa que no podamos mirar por sus rendijas.”

Abyssport no es una ciudad, no. Es una grieta. Un error cartográfico. Un susurro persistente en los márgenes de la historia. Fundada tres veces, desaparecida dos, y aún así presente, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo para sostenerla. Quienes la visitan —por accidente, por obsesión o por destino— no siempre regresan. Y quienes lo hacen, traen consigo algo que no puede nombrarse.

Ubicada en la costa noreste de Estados Unidos, en un lugar imaginario entre Salem y Providence, Abyssport se alza —o se hunde— en lo que en 1701 era un bosque denso, atravesado por dos ríos que definen su esencia: el Brightstream, claro y dador de vida, y el Blackmere, oscuro, aceitoso, podrido. En la conjunción de ambos, donde la luz y la podredumbre se abrazan, nació la ciudad maldita.

Corvus, el escriba condenado

Lucius Aurelius Corvus es recordado —o más bien susurrado— como el recopilador del Arcanum Obscuritatis, el libro maldito que reúne ritos, ...