Lucius Aurelius Corvus es recordado —o más bien susurrado— como el recopilador del Arcanum Obscuritatis, el libro maldito que reúne ritos, maldiciones y secretos prohibidos. Su nombre aparece en crónicas fragmentarias y testimonios velados, siempre envuelto en incertidumbre. No fue un creador, sino un recolector obsesivo, un escriba que dedicó su vida a reunir aquello que debía permanecer oculto. El resultado de su labor febril fue un volumen que no pertenece del todo al mundo de los hombres, sino al tejido oscuro del Mitocosmos.
Origen incierto
Nadie sabe con certeza dónde nació Corvus. Algunos lo sitúan en antiguas casas solariegas de Bizancio, otros en monasterios olvidados de la Europa medieval. Se murmura que provenía de una familia de alcurnia, rodeado de privilegios y riquezas, aunque nunca hubo pruebas concluyentes. Lo único seguro es que, desde joven, mostró una obsesión febril por recopilar textos prohibidos, fragmentos de rituales y palabras que no debían ser pronunciadas, como si la abundancia de su cuna hubiera sido insuficiente frente al hambre de lo oculto.
La recopilación febril
Corvus no fue un creador, sino un recolector incansable. Pasaba noches interminables descifrando símbolos en tablillas quebradas, copiando fragmentos de pergaminos chamuscados y atrapando voces susurradas en mercados de sombras. Su obsesión no era inventar, sino rescatar aquello que el mundo había intentado borrar: restos de ritos, palabras prohibidas, ecos de lo innombrable. El resultado de esa labor febril fue el Arcanum Obscuritatis, un libro que no nació de la inspiración, sino de la compulsión, como si cada página hubiera sido arrancada de su propia cordura.
La sangre como tinta
Las crónicas aseguran que, cuando la tinta escaseaba, Corvus usaba su propia sangre para continuar escribiendo. Algunos pasajes del libro parecen palpitar todavía, como si la vida del escriba hubiera quedado atrapada en las fibras del papiro. De ahí la creencia de que el libro está vivo.
El fuego verde-azulado
Al concluir su obra, Corvus relató que el libro se encendió por sí mismo, con un fuego de olor a azufre y tonalidad verde-azulada. No lo destruyó, sino que lo transformó: quemó la madera y la piel, dándole el aspecto carbonizado que conserva hasta hoy. Desde entonces, Corvus fue visto vagando con el tomo bajo el brazo, murmurando que había entregado su alma a las páginas.
Destino incierto
Algunos dicen que murió en la peste negra, otros que fue ejecutado por la Inquisición. Pero hay quienes aseguran que nunca murió: que su espíritu quedó ligado al Arcanum Obscuritatis, y que cada vez que alguien abre el libro, una parte de Corvus despierta y observa.

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