“Algunas puertas nunca deben ser abiertas… pero eso no significa que no podamos mirar por sus rendijas.”
Abyssport no es una ciudad, no. Es una grieta. Un error cartográfico. Un susurro persistente en los márgenes de la historia. Fundada tres veces, desaparecida dos, y aún así presente, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo para sostenerla. Quienes la visitan —por accidente, por obsesión o por destino— no siempre regresan. Y quienes lo hacen, traen consigo algo que no puede nombrarse.Ubicada en la costa noreste de Estados Unidos, en un lugar imaginario entre Salem y Providence, Abyssport se alza —o se hunde— en lo que en 1701 era un bosque denso, atravesado por dos ríos que definen su esencia: el Brightstream, claro y dador de vida, y el Blackmere, oscuro, aceitoso, podrido. En la conjunción de ambos, donde la luz y la podredumbre se abrazan, nació la ciudad maldita.
Tres fundaciones, dos desapariciones
La historia de Abyssport está marcada por ciclos de aparición y borramiento. Su primera fundación, en 1701 llegados en el barco Calldemon. Eligieron el cruce de los ríos como lugar de fundación, cuando la historia en la costa este no prosperaba. Cuatro años después, en 1705, todos los habitantes —personas y mascotas, aunque no los animales de corral y labranza— desaparecieron sin dejar rastro. Las construcciones quedaron intactas. El silencio se instaló.
En 1772, exploradores y cartógrafos redescubrieron Abyssport. Encontraron ruinas, libros enterrados, símbolos grabados en piedra. La refundaron con cautela, pero dos años después, tres de los nuevos colonos desaparecieron cerca del río Blackmere. Sus diarios, recuperados por un cuarto explorador que jamás volvió a hablar, hablaban de un monolito negro que aparecía y desaparecía según la luna y el viento. en 1865, la historia maldita se repitió. Algunos de los pobladores de la ciudad costera de Calldemon llegaron nuevamente a Abyssport, ante la falta de noticias. Nuevamente, las puertas abiertas, los letrero colgados y las ventanas cerradas: Nada vivo apareció allí, ni personas, ni mascotas, ni animales de granja...
La tercera fundación, en 1905, fue más ambiciosa. Se reconstruyó la parte vieja en la margen izquierda del Brightstream, respetando su trazado colonial, y se expandió hacia la margen derecha, donde surgió una zona más moderna, cambiante, pero igualmente afectada por la presencia del Blackmere. Desde entonces, Abyssport se mantiene viva, aunque nadie puede asegurar por cuánto tiempo.
El Brightstream corre de oeste a este, como una arteria luminosa. Es el río que limpia, que purifica, que sostiene la vida. Pero no siempre logra su cometido. En épocas de tormenta, su caudal se enturbia, y la ciudad sufre. El Blackmere, en cambio, fluye de norte a sur, como una herida abierta. Su agua es negra, espesa, casi aceitosa. En sus orillas, a unos kilómetros de la desembocadura, aparece y desaparece un monolito negro, cubierto de símbolos que nadie ha logrado descifrar por completo.
Ese monolito no es una piedra. Es una manifestación del propio río. Una condensación de una maldad cósmica. Cuando uno de los libros malditos entra en su entorno, el monolito aparece, reacciona. Vibra de manera enfermiza y se abre. Y entonces, quienes lo tocan —o simplemente lo observan con un conjuro en voz baja— son transportados a una ciudad ciclópea, un plano alterno cubierto por una bruma verde-azulada, donde tentáculos gigantescos lamen las losas negras sin llegar a tocarlas. Allí habitan los dioses malditos.Abyssport es uno de los nodos del Mitocosmos, el universo narrativo que conecta ciudades malditas, libros prohibidos y entidades divinas. Diez dioses —la Eneada Maldita y su regente, Zoryath— tienen vínculo directo con esta ciudad. Algunos se manifiestan en tormentas, otros en sueños, otros en ecos que preceden la voz. El tamborileo que acompaña las lluvias es, según los lugareños, una advertencia. Una forma de marcar territorio. De decir: "No salgas. No mires. No invoques. NO TE EQUIVOQUES".
Los libros malditos son once. Todos pasan por Abyssport o son nombrados en ella. Algunos están en la biblioteca local, otros aparecen en casas abandonadas, otros se escriben solos en noches de luna nueva. El más importante es Arcanum Obscuritatis – Murmura Obscura Regni Obliviati, que tendrá edición propia. Otros títulos incluyen Codex Tenebris, Umbra Arcana, Vox Infernalis, Insomnium Abyssi, Oculus Maledictum, Reliquiae Maledictae, entre otros. Cada uno es una llave. No hay rituales complejos: basta con sostener el libro y leer en voz baja frente al monolito. El portal se abre.
La parte vieja de Abyssport conserva su estilo colonial: casas de madera ennegrecida, ventanas de madera vieja, calles trazadas en espiral. La biblioteca es el corazón simbólico. Allí se encuentra el libro autorreferencial Nacimiento, Auge y Caída de Abyssport, la maldita, que narra la historia de la ciudad desde dentro, como si la ciudad misma lo hubiera escrito.
La parte nueva, en la margen derecha del Brightstream, es más moderna, pero igualmente afectada por la atmósfera ritual. Las construcciones cambian, se deforman, se duplican. Algunos visitantes aseguran haber visto su propia casa allí, aunque nunca hayan estado antes.
El clima es extremo. Los veranos son tórridos y húmedos, los inviernos, gélidos. Las tormentas traen tamborileos que parecen venir del bosque, el Whispering Grove. El viento fuerte se comporta como un dios menor: amenaza, advierte, empuja. Los lugareños saben que después de la lluvia, no deben salir. No deben mirar. No deben leer.
Abyssport no tiene un perfil definido. Sus habitantes son gente común: marinos, científicos, abogados, turistas, adolescentes, técnicos. Algunos nacieron allí, otros llegaron por error, otros por obsesión. Todos tienen algo en común: han visto cosas que no pueden explicar. Han sentido que el tiempo se pliega. Han escuchado voces que no deberían existir. Y principalmente, han escuchado el tamborileo...
Los visitantes suelen llegar por curiosidad. Por una frase en un libro. Por una imagen en un sueño. Algunos se quedan. Otros desaparecen. Y unos pocos regresan, con los ojos cambiados, con palabras que no pertenecen a ningún idioma conocido.
La gran pregunta que atraviesa el Mitocosmos es si Abyssport es una ciudad o una grieta. ¿Es el lugar donde se abre el portal, o es el portal mismo? ¿Está ubicada en un punto equivocado del mapa, o es el mapa el que está mal? Nadie lo sabe. Pero todos coinciden en algo: Abyssport se niega a morir. Se niega a ser olvidada. Se niega a cerrar sus puertas.
Y mientras exista el Brightstream, mientras el Blackmere siga corriendo su curso fétido, mientras el monolito aparezca y desaparezca, Abyssport seguirá allí. Esperando. Observando. Susurrando...


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